A las 13.00 horas ya estamos en la isla de LANTA. La furgoneta nos suelta en el norte de la isla y enseguida nos ponemos en marcha para encontrar a alguien en la isla y preguntar dónde nos podemos alojar. Antes de darnos cuenta aparecen unas rancheras con gente que se baja y se nos echan encima 4 o 5 personas para ofrecernos alojamientos, ofreciéndonos llevarnos gratis hasta allí, nos enseñan mapas y folletos para ubicarnos y para enseñarnos fotos de los complejos. Qué agobio de momento, todos hablando a la vez, tirándonos de las mochilas, cada uno diciendo que su oferta es la mejor, que decidamos ya que se van, joder, no sentía tanta presión desde que estaba en Qcns, jajaja. En fin, que lo miramos un poco entre nosotros y cogimos la opción que más nos convenció, por 3.5 euros la noche por persona, me quedo loca!! Y bueno, nos llevan hasta allí con una de las rancheras y nos encontramos nada más y nada menos que con un complejo de cabañas de madera a primera línea de una playa llamada Long Nin Beach al suroeste de la isla, con baño propio, agua caliente, ventilador, wifi gratis y una zona amplia de esparcimiento con unas estructuras de madera con esterillas y cojines plantadas a escasos metros del mar donde se podía comer, leer, hacer la siesta, conectarse a Internet, ver las puestas de sol, la caña!! Nos quedamos tan prendados del lugar que decidimos tomarnos el día de relax y disfrutar del entorno. Nos damos el primer baño en la isla delante del complejo, comemos allí y decidimos relajarnos toda la tarde. Aprovecho para completar los textos del blog, seleccionar imágenes, leer un rato y, en definitiva, relajarme un rato mientras escucho las olas del mar, qué gozada!
Salimos a cenar fuera del complejo y a pocos metros encontramos un restaurante chulísimo, todo hecho de madera y de forma artesanal por la propia familia que lo regenta. Están todos por allí, los 3 hermanos que llevan el negocio, sus esposas, sus hijos, qué ambiente tan hogareño, hasta aparece una foto de toda la familia como portada de la carta y tomada en las escaleras del restaurante. La cena exquisita, el trato también y nos vamos a dormir encantados. Al acostarme me pongo el despertador a las 8.00 de la mañana porque me apetece correr por la playa de buena mañana.
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